La tarde de ese último día de clases de noviembre los pasillos de la UCAB estaban vacíos, al igual que los salones y la mayoría de las Escuelas. Pocos alumnos habían asistido a clases y el estacionamiento, los jardines, la biblioteca e incluso los cafetines estaban prácticamente vacíos.
Me despedí de compañeros y profesores con la incertidumbre de no saber cuándo volveríamos a la universidad. La mayoría pensábamos que todo iba a resolverse en tres o, a lo sumo, cuatro días. Otros por el contrario, sostenían que podían pasar varios meses para que la situación se regularizara.
Este mismo episodio me ha ocurrido ya en dos oportunidades. La primera fue el 29 de noviembre de 2002, cuando iniciaba el primer semestre en la UCAB, luego de la convocatoria a un paro "cívico-militar", por parte de líderes sindicales y empresariales, en apoyo a los trabajadores petroleros expulsados de PDVSA por órdenes gubernamentales. Ante tal situación, la universidad había decidido suspender las clases en espera de que la situación culminara en poco tiempo.
La segunda fue ayer, cuando fui a mi clase de los viernes de 7 a 9 de la mañana y observé que los pasillos, jardines y cafetines estaban igual de vacíos que aquella vez; pocas personas deambulaban por la universidad y el estacionamiento tenía una inusual proliferación de puestos (Sólo cuatro carros estaban parqueados en el estacionamiento de profesores). Y de igual forma que aquel 29 de noviembre, no nos despedimos "hasta el lunes", simplemente nos despedimos, por no saber qué ocurrirá entre hoy y la semana que viene.
Esta agridulce sensación de dejá vú me ha acompañado a lo largo de las últimas semanas, al darme cuenta de que de la repetición de comportamientos, acciones y pensamientos de otros momentos de los últimos años, como el caceroleo frenético que siguió a los fuegos artificiales del fin de campaña de Manuel Rosales, o la consigna "Ni un paso atrás" gritada a todo pulmón o imitada onomatopéyicamente por cacerolas, pitos y cornetas: TUU-TUTU-TUU, PLAN-PLAPLA-PLAN.
Algunas situaciones las hemos repetido para bien. EL activismo que nos acompañó antes del 11 de abril y que perdimos a principios de 2003 cuando se nos negó inicialmente el referendo consultivo. Lo hemos recuperado con iniciativas como "Plan V" para la defensa del voto, organizada por estudiantes universitarios. La oposición también recuperó parcialmente el poder de convocatoria, como se demostró en las avalanchas y caminatas de Manuel Rosales.
Desafortunadamente, otros recuerdos de eventos similares nos preocupan y angustian. El robo de los votos en el referendo revocatorio y las trágicas oleadas de violencia el 6 de diciembre de 2002 en Plaza Altamira y las de marzo de 2003 y agosto de 2004 en varias zonas del país, aparte de la conocida pero aún enigmática masacre de abril de 2002, nos hacen preguntarnos, con incertidumbre (una vez más): ¿Qué pasará mañana? ¿Y los días después de mañana?





1 comentarios:
no sé en serio cómo fue eso del robo de votos en 2004 que comentas... es como la historia de un país paralelo, el país donde no se demuestra nada y todo es un mito armado a conveniencia.
No sé qué pensar... las clases vuelven mañana, aunque con los ánimos no se sabe en dónde
periodismodepaz.org
Publicar un comentario en la entrada