25 de enero de 2011

Líbano, el multiétnico (I)

Najib Mikati es miembro del Parlamento libanés, ex ministro
de Obras Públicas y Transporte y antiguo Primer Ministro del país, cargo para el que fue nuevamente nombrado ayer por el presidente del país, Michel Suleiman, luego de la crisis que sufriera el gabinete de su predecesor, Saad Hariri tras el retiro de Hezbolá -partido que hace vida en el Legislativo de ese país- de la coalición gobernante.

Pero Mikati es más que un político y un empresario. Su nueva designación trae nuevamente a colación sus simpatías pro sirias (no en vano su triunfo es visto como un triunfo de Hezbolá, pese a la filiación sunní del nuevo primer ministro) y revive un viejo debate acerca de las implicaciones del sistema político libanés en la estabilidad de ese país.

Concebido como un enclave prooccidental y cristiano en Oriente Medio, el Líbano tiene claramente diferenciadas sus minorías, que definen cada cinco años las proporciones en el Parlamento. Dos son las tendencias más importantes.

Por un lado, está la coalición "8 de marzo", compuesta por Hezbolá y el movimiento Amal, facciones chiítas favorables a la injerencia de Siria en asuntos libaneses y con cercanas relaciones con el también chií gobierno de Irán. Se llama así en honor a una manifestación que hubo a favor de Hasán Nasrala en esa fecha en 2005.

Su contraparte también tiene nombre de efeméride. Es la coalición "14 de marzo", compuesta por partidos nacionalistas y antisirios, además de movimientos cristianos, drusos y algunos sunitas. Es a este grupo al que pertenece tanto Saad Hariri, como su padre, Rafik, cuyo asesinato -presuntamente a manos de Hezbolá- actualmente es seguido por un Tribunal Especial de Naciones Unidas. Un juicio que, además, decantó en la crisis de gabinete libanés.

Esta correlación de fuerzas del Parlamento libanés, así como el carácter plurirreligioso del país ha ocasionado cierta alternancia de poder entre cristianos maronitas y musulmanes (chiítas, sobre todo) a lo largo del tiempo, pero ha generado, también, la inestabilidad propia de la dificultad de diálogo entre ambas tendencias, tanto desde el punto de vista religioso como del político.
(Continúa...)

1 comentarios:

Vicente dijo...

Hola David!...

Bueno, el articulo está bastante bien, en realidad, la política libanesa siempre tendrá dosis de inestabilidad recurrentes: en 1936, 1958, 1976, 1985, 1989, 1996, 2004, 2006 y en 2009 han habido situaciones de crisis gubernamentales serias (eso sin considerar la guerra civil libanesa que transcurrió intermitentemente entre 1975 y 1990). Por lo que la crisis actual (que empezó el año pasado), tiene ya unos cuantos antecedentes.

El simple hecho de que la mecánica electoral y la asignación de los cargos políticos en base a consideraciones religiosas (siguiendo el texto constitucional libanés), promueva que hayan constantes reacomodos de las distintas facciones politico-religiosas, situación que las potencias regionales (caso Israel, Siria) y algunas potencias mundiales con intereses en la zona (EE.UU, Francia, Rusia) mantengan su apoyo a determinados grupos afines a sus intereses, siendo éste el caldo de cultivo perfecto, para situaciones como las de estos días.

Evidentemente, el hecho de que Hezbollah tenga más preponderancia (sin embargo no olvides que apenas tiene 13 escaños de los 128 del parlamento, Amal y el Mov de Michel Auon-socios en la coalición del 8-M, tienen más peso político, pero no un liderazgo tan duro como el de Hassan Nasralah), y que su discurso sea más radicalmente islamista (más no su accionar, puesto que debe compartir el poder con sus otros socios menos radicales y de otras confesiones), sin embargo, su sola presencia, hace suponer que tanto la UE, EE.UU e Israel, fuerzen para que de alguna manera los prooccidentales del 14-M (conformado por los sunies moderados de Hariri, algunos cristianos mas derechistas-La Falange- y sectores chíitas más moderados) tengan espacio en el gobierno para neutralizar a los "ultras" de Hezbollah, lo cual genera más leña al conflicto confesional.

Además David, si bien éste fenómenos es aparentemente aislado, no olvides que justo en éstos tiempos muchos países de la Liga Árabe están pasando por crisis similares (la caída de Ben Alí en Túnez, las manifestaciones en Egipto y Argelia), por lo que un "efecto contagio", no es del todo descartable en el escenario libanés.

Saludos y espero seguir leyendo artículos así...

Vicente Márquez