La decidida actitud de Sarkozy en contra de las ambiciones nucleares de Irán son una muestra del necesario (aunque complejo) viraje que, desde la gauche divine pacifista, antiimperialista y "multicultural", ha dado Francia desde la llegada de un primer ministro mucho más categórico que el "guabinoso" de Chirac.Sin medias tintas, sin medios discursos, sin hipocresías, Sarkozy ha puesto a Irán en tres y dos, al anunciar una política mucho más dura, materializada en la imposición de sanciones económicas contra la nación persa y solicitando la moderación en el discurso y actuar de su mandatario, Ahmadinejad.
La posición de Sarkozy fue respaldada por su ministro de Relaciones Exteriores, Bernard Kouchner, quien incluso mencionó la posibilidad de una "guerra con Irán".
Si bien es cierto que el conflicto armado nunca ha sido la mejor de las soluciones, la posición de Francia parece ir más allá del mero discurso bélico para convertirse en una advertencia a un Ahmadinejad que no desiste de sus experimentos de enriquecimiento de uranio ni de su intento de convertirse en un factor desestabilizador en Oriente Medio.
Si bien es cierto que el conflicto armado nunca ha sido la mejor de las soluciones, la posición de Francia parece ir más allá del mero discurso bélico para convertirse en una advertencia a un Ahmadinejad que no desiste de sus experimentos de enriquecimiento de uranio ni de su intento de convertirse en un factor desestabilizador en Oriente Medio.Por ello, resulta natural que Israel vea con buenos ojos la posición asumida por Francia. Por primera vez, quizás desde la Guerra de Yom Kippur, el gobierno francés abandona la postura proárabe, que ahora parece ser rescatada por una Rusia de Putin, extrañamente antioccidental y que ha adoptado los ambages retóricos empleados por la Francia de Chirac.
Pero no es para menos. Occidente no debe olvidar que Francia aún está en deuda por hechos profundamente reprochables que cometió, al menos, desde finales de la década de los setenta, cuando empezó a proveer a Saddam Hussein de elementos para la construcción de facilidades nucleares. hasta, incluso, principios del siglo XXI, al amenazar con un mojigato veto ante el Consejo de Seguridad una invasión a Irak que pudo haber contado con la aprobación internacional.


