Tres días atrás, tres acciones impulsadas por el alto gobierno de Venezuela conformaron un episodio más del negativo viraje que han dado las relaciones oficiales entre nuestro país y el Medio Oriente.
"El presidente de Israel debería ser llevado a la Corte Penal Internacional". Este primer comentario del presidente Hugo Chávez durante la inauguración de un hospital en Caracas pareció ser una orden cumplida a cabalidad por su ministerio de Relaciones Exteriores, que pocas hroas después emitió un comunicado en el que anunciaba la expulsión del embajador de Israel en nuestro país, Shlomo Cohén y de parte del personal diplomático acreditado.
Pocos minutos después, el comunicado era leído con júbilo en la Asamblea Nacional, cuyos diputados –ataviados con kaffes (tradicionales mantos árabes) y portando banderas representativas del movimiento palestino, discutían en ese mismo isntante un acuerdo en contra de las acciones militares de Israel en la Franja de Gaza originadas (recordemos siempre) como consecuencia por el permanente lanzamiento de cohetes Qassam desde esa región a poblaciones israelíes.

Finalmente, la mezquita principal de Caracas, en la zona de Quebrada Honda, también fue escenario de las protestas, aupadas por el gobierno. En ella se congregaron, además de los parlamentarios, otros representantes del gobieno, entre ellos el ministro de Relaciones Exteriores, Nicolás Maduro.
La acción no es nueva. Ya en 2006, el presidente ordenó el retiro del encargado de negocios de Venezuela en Israel, Héctor QUintero, en respuesta también a acciones defensivas ejecutadas por ese país contra los terroristas de Hezbolá al norte del Líbano.
Más allá del posible antisemitismo evidenciado en estas acciones (y en otras, como las poco estrechas relaciones entre el gobierno y la comunidad judía venezolana), siempre cabe hacer una reflexión acerca del rol que históricamente ha tenido Venezuela en el conflicto de Oriente Medio. Un rol que, cuando no se ha prestado para ayudar, se ha limitado a abstenerse de actuaciones que puedan ser interpretadas como favorables a un bando o a otro.
El enemigo de mi amigo
En efecto, luego de que Venezuela fuera uno de los países impulsores de la resolución AG/181 de la ONU, que establecía la creación de dos estados en la región, su entrada en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la obligó a mantener relaciones "neutrales" o cordiales con ambas partes en conflicto. Con Israel, por sus relaciones de amistad e intercambio científico, militar, etc. COn el mundo árabe, por sus intereses económicos, fundamentalmente en lo relacionado al petróleo.
Esta situación, mantenida durante casi cincuenta años, se rompió con la llegada de Chávez al poder y sus intentos de fundar " una nueva geopolítica"
Chávez empezó a estrechar relaciones con naciones y personalidades tradicionalmente enemigas de Israel, como el ex presidente iraquí, Saddam Hussein y el dictador de Libia, Muamar Qaddafi.
La "guinda del pastel" ha sido la estrecha amistad que, desde su elección, mantiene conel presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, tristemente célebre por su
postura negacionista del Holocausto y su discurso a favor de la desaparición del estado de Israel.
A esta situación se ha sumado la defensa del primer mandatario a los movimientos terroristas Hamás y Hezbolá, cuyo líder, Hasán Nasrala, instó a las naciones árabes a "seguir el ejemplo" de Chávez.
La consecuencia de estas relaciones se evidencia en la reacción de la Cancillería israelí al conocer la expulsión de su embajador de Venezuela. "El Estado judío "seguirá defendiéndose de sus enemigos, entre ellos Hamás e Irán, con los que Venezuela tiene estrechos lazos" ."Venezuela debe elegir en qué lado de esta guerra está. Debe elegir entre los que luchan contra el terrorismo y entre los que lo apoyan. No es ninguna sorpresa que Venezuela haya aclarado al mundo nuevamente de qué lado se posiciona", aseveraba el comunicado emitido por la instancia, a la que el primer mandatario respondió, con su habitual altisonancia, que estaba "del lado de los pueblos libres"... Y, obviamente, también del lado del terrorismo.
