8 de febrero de 2009

Por acción o por omisión

La brutal profanación de la sinagoga de Mariperez hace ya una semana no es más que el paso siguiente en una sucesión de actos antisemitas que ha protagonizado Venezuela en los últimos tiempos. Y no me refiero únicamente a la posición injustificadamente militante esgrimida por el Presidente Chávez a favor de los terroristas de Hamás en las recientes ofensivas militares de Israel.

Este es el segundo capítulo, el capítulo conclusivo de una historia de hostilidad antiisraelí y antijudía que se inició, al menos, hace dos anos, en un conflicto similar, luego de que el gobierno decidiera retirar al encargado de negocios de Venezuela en Israel, Hector Quintero, como "represalia" por las acciones militares emprendidas contra Hezbolá.




Tambien entonces, como ahora, las paredes de la sinagoga fueron repletas de graffitis repitiendo consignas antisemitas viejas y nuevas, como aquellas que equiparan al Israel con el atroz gobierno nazi y calificaban de genocidas a los dirigentes políticos de aquella nación.

El ataque a la sinagoga, sin embargo, va más allá. Abandona los límites de lo político al involucrar un credo religioso cuyos feligreses, en muchos casos, no tienen relación alguna con el acontecer poítico en Oriente Medio e, incluso, pueden diverger profundamente de las decisiones de los gobernantes de Israel.

Así, la agresión a Tiferet Israel, trasciende el acontecer políticoy sumerge a los venezolanos (al menos a quienes cometen estas atrocidades) en un conflicto de características fundamentalistas y existenciales, similar al que ya existe en Oriente Medio: o ellos o nosotros. De ahí expresiones como "judíos fuera" o "Muerte a Israel" presentes en los graffitis realizados durante el l ataque.

Una dicotomia excluyente que, como se mencionó anteriormente, no era parte de la forma de pensar del venezolano común, por lo que solamente queda atribuirselo a un incendiario discurso presidencial, cuyos seguidores, buscando ser "más papistas que el Papa" deciden aplicar hasta sus últimas consecuencias. Entonces, es responsable o no el gobierno por lo ocurrido en la sinagoga el sábado pasado?

9 de enero de 2009

Situación en Gaza (II): La verdadera correlación (Glucksmann)

Tardé en publicar este post porque quería escoger con cuidado las palabras con la que me referiría al mito de la "desproporción" en las acciones militares de Israel en Gaza. Pero el fílósofo francés André Glucksmann me ahorró el esfuerzo, en su artículo publicado hace cerca de tres días en el diario francés Le Monde. De él y reconociendo su crédito, extraigo algunos fragmentos que coinciden plenamente con lo que yo buscaba dar a conocer:

¿Qué significa "desproporcionada"?
ANDRÉ GLUCKSMANN 06/01/2009
(...)
"La avalancha de opiniones se rige por la condena incondicional, a priori, de la desmesura judía.Consultemos el primer diccionario a mano: desproporcionado es lo que está fuera de proporción, bien porque la proporción no existe, bien porque se ha roto, se ha transgredido. Esta segunda acepción es la que se utiliza para fustigar las represalias israelíes, que se consideran excesivas, incongruentes, discordantes, que superan los límites y las normas. El sobrentendido es quizá que existe un estado normal en el conflicto entre Israel y Hamás y que el belicismo de Tzahal (el Ejército israelí) lo desequilibra, como si el conflicto no fuera -como todo conflicto serio- desproporcionado desde su propio origen.
¿Cuál es la proporción justa que hay que respetar para que Israel cuente con unas opiniones favorables? ¿Que el Ejército israelí no utilice su superioridad técnica y se limite a emplear las mismas armas que Hamás, es decir, la guerra de los imprecisos misiles Grad, las piedras, la estrategia de los atentados suicidas a discreción, las bombas humanas y la selección deliberada de las poblaciones civiles como objetivos?
O, mejor aún, ¿convendría que Israel espere pacientemente a que Hamás, gracias a Irán y Siria, "equilibre" su potencia de fuego?A no ser que se trate de equilibrar no sólo los medios militares, sino los fines que se persiguen. Ya que Hamás -en contra de la Autoridad Palestina- se obstina en no reconocer el derecho de existir del Estado judío y sueña con la aniquilación de sus ciudadanos, ¿querríamos que Israel imite ese radicalismo y proceda a una gigantesca limpieza étnica? ¿De verdad queremos que Israel refleje "de forma proporcional" los deseos exterminadores de Hamás?"
(...)
Para evitar las críticas por sacar un extracto del texto, invito a leerlo en su totalidad aquí

8 de enero de 2009

Triste papel el de Venezuela

Tres días atrás, tres acciones impulsadas por el alto gobierno de Venezuela conformaron un episodio más del negativo viraje que han dado las relaciones oficiales entre nuestro país y el Medio Oriente.

"El presidente de Israel debería ser llevado a la Corte Penal Internacional". Este primer comentario del presidente Hugo Chávez durante la inauguración de un hospital en Caracas pareció ser una orden cumplida a cabalidad por su ministerio de Relaciones Exteriores, que pocas hroas después emitió un comunicado en el que anunciaba la expulsión del embajador de Israel en nuestro país, Shlomo Cohén y de parte del personal diplomático acreditado.

Pocos minutos después, el comunicado era leído con júbilo en la Asamblea Nacional, cuyos diputados –ataviados con kaffes (tradicionales mantos árabes) y portando banderas representativas del movimiento palestino, discutían en ese mismo isntante un acuerdo en contra de las acciones militares de Israel en la Franja de Gaza originadas (recordemos siempre) como consecuencia por el permanente lanzamiento de cohetes Qassam desde esa región a poblaciones israelíes.


Finalmente, la mezquita principal de Caracas, en la zona de Quebrada Honda, también fue escenario de las protestas, aupadas por el gobierno. En ella se congregaron, además de los parlamentarios, otros representantes del gobieno, entre ellos el ministro de Relaciones Exteriores, Nicolás Maduro.


La acción no es nueva. Ya en 2006, el presidente ordenó el retiro del encargado de negocios de Venezuela en Israel, Héctor QUintero, en respuesta también a acciones defensivas ejecutadas por ese país contra los terroristas de Hezbolá al norte del Líbano.


Más allá del posible antisemitismo evidenciado en estas acciones (y en otras, como las poco estrechas relaciones entre el gobierno y la comunidad judía venezolana), siempre cabe hacer una reflexión acerca del rol que históricamente ha tenido Venezuela en el conflicto de Oriente Medio. Un rol que, cuando no se ha prestado para ayudar, se ha limitado a abstenerse de actuaciones que puedan ser interpretadas como favorables a un bando o a otro.


El enemigo de mi amigo
En efecto, luego de que Venezuela fuera uno de los países impulsores de la resolución AG/181 de la ONU, que establecía la creación de dos estados en la región, su entrada en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la obligó a mantener relaciones "neutrales" o cordiales con ambas partes en conflicto. Con Israel, por sus relaciones de amistad e intercambio científico, militar, etc. COn el mundo árabe, por sus intereses económicos, fundamentalmente en lo relacionado al petróleo.


Esta situación, mantenida durante casi cincuenta años, se rompió con la llegada de Chávez al poder y sus intentos de fundar " una nueva geopolítica"


Chávez empezó a estrechar relaciones con naciones y personalidades tradicionalmente enemigas de Israel, como el ex presidente iraquí, Saddam Hussein y el dictador de Libia, Muamar Qaddafi.

La "guinda del pastel" ha sido la estrecha amistad que, desde su elección, mantiene con
el presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, tristemente célebre por su
postura negacionista del Holocausto y su discurso a favor de la desaparición del estado de Israel.

A esta situación se ha sumado la defensa del primer mandatario a los movimientos terroristas Hamás y Hezbolá, cuyo líder, Hasán Nasrala, instó a las naciones árabes a "seguir el ejemplo" de Chávez.



La consecuencia de estas relaciones se evidencia en la reacción de la Cancillería israelí al conocer la expulsión de su embajador de Venezuela. "El Estado judío "seguirá defendiéndose de sus enemigos, entre ellos Hamás e Irán, con los que Venezuela tiene estrechos lazos" ."Venezuela debe elegir en qué lado de esta guerra está. Debe elegir entre los que luchan contra el terrorismo y entre los que lo apoyan. No es ninguna sorpresa que Venezuela haya aclarado al mundo nuevamente de qué lado se posiciona", aseveraba el comunicado emitido por la instancia, a la que el primer mandatario respondió, con su habitual altisonancia, que estaba "del lado de los pueblos libres"... Y, obviamente, también del lado del terrorismo.