28 de enero de 2011

El compromiso con la memoria

Ayer se cumplió un año más desde que los ejércitos aliados de la Segunda Guerra Mundial se encontraron con un dantesco espectáculo en el seno de la culta Europa. Las tropas soviéticas habían tomado Polonia pocos días antes, y el 27 de enero de 1945 liberaron el campo de Auschwitz. Sin embargo, poco quedaba que hacer: algunos días atrás, previendo la inevitable derrota del III Reich, los administradores del campo -que había alcanzado la más siniestra perfección en la industrialización de la muerte, con sus cámaras de gas y hornos crematorios, habían decidido liquidarlo y enviar a los 65.000 prisioneros que ahí quedaban a una Marcha de la Muerte, con destino desconocido.

Sin embargo, lo que encontraron al entrar al campo les permitía dar cuenta de las atrocidades que allí se habían vivido. Y lo observaron con estupor ¿Cuál era la real magnitud de la maldad y crueldad nazi? ¿Cómo Europa, sumida en un conflicto eminentemente político y militar, había pasado por alto la concreción de crímenes de esta naturaleza? ¿Cömo pudieron permanecer impasibles mientras un genocidio ocurría frente a sus ojos?

La increadulidad es la primera explicación. Autores expertos en historia de la Shoá, como Israel Gutman y Dina Porat coinciden en el escepticismo con el que originalmente se recibían en Europa las noticias sobre los campos de exterminio; un escepticismo del que, indudablemente, los europeos se arrepintieron cuando ya era tarde.


Hoy en día, 66 años después, no hay lugar al escepticismo. El hombre ha demostrado la capacidad y la magnitud de su maldad. Por ello, fechas como las de ayer no pueden pasar inadvertidas. Sea a través de breves y personales reflexiones como esta; de honores y actos oficiales como el realizado en Naciones Unidas en honor a las mujeres en la Shoá o de iniciativas para continuar preservando la memoria como la alianza entre Google y Yad Vashem. Sea como sea, el objetivo es el mismo: perpetuar la memoria y el compromiso de abrir más los ojos frente a las atrocidades cometidas y por cometerse. Sólo así puede cumplirse la consigna que rodea a este compromiso con la memoria de la Shoá, cuya conmemoración fue consagrada para un día como ayer, luego de que la ONU la convirtiera en deber el 27 de noviembre de 2005.

25 de enero de 2011

Líbano, el multiétnico (I)

Najib Mikati es miembro del Parlamento libanés, ex ministro
de Obras Públicas y Transporte y antiguo Primer Ministro del país, cargo para el que fue nuevamente nombrado ayer por el presidente del país, Michel Suleiman, luego de la crisis que sufriera el gabinete de su predecesor, Saad Hariri tras el retiro de Hezbolá -partido que hace vida en el Legislativo de ese país- de la coalición gobernante.

Pero Mikati es más que un político y un empresario. Su nueva designación trae nuevamente a colación sus simpatías pro sirias (no en vano su triunfo es visto como un triunfo de Hezbolá, pese a la filiación sunní del nuevo primer ministro) y revive un viejo debate acerca de las implicaciones del sistema político libanés en la estabilidad de ese país.

Concebido como un enclave prooccidental y cristiano en Oriente Medio, el Líbano tiene claramente diferenciadas sus minorías, que definen cada cinco años las proporciones en el Parlamento. Dos son las tendencias más importantes.

Por un lado, está la coalición "8 de marzo", compuesta por Hezbolá y el movimiento Amal, facciones chiítas favorables a la injerencia de Siria en asuntos libaneses y con cercanas relaciones con el también chií gobierno de Irán. Se llama así en honor a una manifestación que hubo a favor de Hasán Nasrala en esa fecha en 2005.

Su contraparte también tiene nombre de efeméride. Es la coalición "14 de marzo", compuesta por partidos nacionalistas y antisirios, además de movimientos cristianos, drusos y algunos sunitas. Es a este grupo al que pertenece tanto Saad Hariri, como su padre, Rafik, cuyo asesinato -presuntamente a manos de Hezbolá- actualmente es seguido por un Tribunal Especial de Naciones Unidas. Un juicio que, además, decantó en la crisis de gabinete libanés.

Esta correlación de fuerzas del Parlamento libanés, así como el carácter plurirreligioso del país ha ocasionado cierta alternancia de poder entre cristianos maronitas y musulmanes (chiítas, sobre todo) a lo largo del tiempo, pero ha generado, también, la inestabilidad propia de la dificultad de diálogo entre ambas tendencias, tanto desde el punto de vista religioso como del político.
(Continúa...)

22 de enero de 2011

Concierto In Memoriam: El recuerdo a través de la música

El tema musical de la Lista de Schlindler se presentaba como el plato fuerte de la velada. Sin embargo, el lleno total logrado por los jóvenes músicos de la fundación Mozarteum en el auditorio de la Asociación Cultural Humboldt en el concierto In Memoriam de ayer se debió mucho más que al simple interés de un puñado de cinéfilos y melómanos ansiosos por volver a escuchar las melancólicas notas de este recordado tema de John Williams.

Quienes recibimos y reprodujimos por diferentes vías (correo electrónico, Twitter, Facebook, teléfono, etc.) la invitación del Espacio Anna Frank fuimos con la convicción, como después se nos reiteró al inicio del evento, de no estar asistiendo simplemente a un recital de cuerdas con varios temas de compositores judíos contemporáneos. Lo que presenciábamos era una nueva forma de recordación, tan válida como cualquier rezo o acto conmemorativo, y además mucho más pertinente. Esos modos menores, arpegios y escalas de George Perlman,Mark Warshawsky y esas esas melodías evocadoras de
Imágenes de la vida jasídica de Ernest Bloch, solemnes y melancólicas, que los jóvenes talentos ejecutaron en sus violines, violas y violonchelos, recordaban a quienes en circunstancias tanto más dolorosas también tuvieron que tocar, muchas veces obligados por el terror, y otras, como su propia forma de escapar de ese terror a través de sus pequeños instrumentos.

Honraban a los músicos judíos que recibían a sus correligionarios a las puertas de los campos de exterminio. Honraban a personas como Jacques Stroumsa, el violinista de Auschwitz, quien debe su vida en mucho a ese arco y esas cuatro cuerdas. Honraban a tantos músicos judíos, profesionales o aficionados, conocidos y anónimos, muchas de cuyas historias intentó reconstruir el luthier israelí Schlomo Mintz a través del proyecto "Los violines del Holocausto".


Honraban, en fin, una forma de resistir y, en muchos casos, de sobrevivir, tan válida como cualquier otra: la consagración de la vida a través de la música. Vaya un homenaje y mi agradecimiento y reconocimiento al Espacio Anna Frank por esta iniciativa, en vísperas del Día Internacional de la Conmemoración de la Shoá (27 de enero)