Finalmente, luego de un proceso de casi tres años, repleto de retardos y leguleyerías, Saddam Hussein recibió el castigo que merecía:
ser ahorcado de la manera más infamante y sin la posibilidad de
morir como mártir, como él deseaba.
De nada valieron las súplicas de
quienes se embarcaron en la titánica tarea de demostrar que él no era un asesino, para lo que se valieron de leguleyerías derivadas de las ambigüedades del
Estatuto de Roma, para sostener que Hussein era prisionero de guerra, por lo que no debía ser entregado a sus "enemigos".
De nada valieron tampoco los chillidos de Amnistía Internacional o de HRW, que ahora se rasgan las vestiduras con la ejecución pero que jamás mencionó palabra de las masacres en Dujail o al norte de Irak (como si Hussein doliera menos que los cientos o miles de muertos kurdos y chiítas durante su dictadura)
De nada valió tampoco la "condena" de una comunidad internacional invadida por el cáncer del relativismo y el multiculturalismo antioccidental, ni la actitud cobardemente disfrazada de institucional del Vaticano, a través de un Ratzinger que teme por su pellejo y que no se atreve a condenar con la misma vehemencia las barbaries provocadas por el Islam desde la "media luna fértil" hasta la mismísima
África, ante la posibilidad de que los amantísimos mullahs pongan precio a su purpurada cabeza, como ya hicieron
hace unos meses.
Los representantes del gobierno iraquí han tenido que defenderse de las acusaciones de medios de comunicación respecto a los insultos que recibió el asesino momentos antes de enfrentarse a su destino, como se observó en un
video no oficial difundido en Internet, dos días después de la ejecución.
"No sabemos con seguridad quién estaba gritando a Saddam o con quién él estaba insultándose, pero no creo que fuera ninguno de los miembros del gobierno", dijo Hiwa Osman, vocero presidencial iraquí, a la BBC, en un intento de negar la actuación oficial en esos insultos.
La pregunta es ¿Cuál es el problema? Como sostuvo Osman, a la ejecución asistieron testigos que pudieron estar vinculados de alguna manera a las múltiples acciones asesinas de Hussein. De ser así, era de esperarse una reacción de esta naturaleza. Muy considerada fue la actitud del representante de la Fiscalía General, Munqiz al-Faraón, quien
dijo a la multitud: "Por favor, este hombre va a ser ejecutado". ¿QUé otras consideraciones esperaba Hussein? ¿Por qué tenerlas con un asesino de tal calaña? Como reza un conocido refrán: verdugo no pide perdón...
P.S: Por respeto a la lectoría no incluyo imágenes ni videos de la ejecución, pues no es mi intención prestar este blog al amarillismo o la morbosidad. Quien quiera verlos es libre de buscarlos en las páginas que albergan videos o en cualquier medio online que haya difundido la noticia. Pido disculpas por la falta de apoyo visual en este post.